martes, 27 de septiembre de 2011

Naturaleza viva


Desde el vientre necesitamos de otra para sobrevivir. Al nacer, no sabemos de nuestra individualidad porque dependemos del alimento, el calor y el abrazo del otro, del ser más próximo. Aún así sabemos cómo nos sentimos y qué necesitamos. Lloramos, reímos, simplemente estamos siempre presentes. Con el tiempo, nos damos cuenta de que difícilmente sobrevivimos sin esa relación de dependencia y empezamos a dar nuestros primeros pasos en el negocio de la supervivencia.

Mientras crecemos intentan domesticarnos y educarnos para ser individuos capaces de integrarnos: en la educación, en la economía, en la diversión, en la moralidad y la religión, en el saber estar. Perdemos nuestra presencia. No hay tiempo para cuestionar la calidad de la sociedad ni lo que ella nos ofrece, lo primordial es aprender a inserirnos en ella. Nos llega el momento en que la necesidad de independencia empieza a latir, con temor por lo desconocido y gallardía porque somos capaces, porque podemos hacer lo que no pudieron hacer quienes nos precedieron, porque podemos mejorar el mundo y estar mejor. Vivimos aciertos y desaciertos, derrotas y victorias, miserias y venturas, riquezas y pobrezas, vejaciones y estimaciones. Todo en un solo cóctel que aprendemos a beber, bien o mal. Mientras todo eso sucede nos enganchamos a otros, a cosas, a sentimientos, a ideales, los hacemos nuestros modelos, nuestros ídolos, nuestro sentido de la existencia. Vamos aprendiendo el arte de la dependencia mutua. Luchamos por lo básico y lo no tan básico, discutimos con otros nuestros puntos de vista y siendo héroes vivimos intensamente esa vida tan variada y de alguna manera generosa.

Entonces, sin darnos cuenta, la vida nos tiene otro regalo: empezamos a envejecer y con la vejez necesitamos del recogimiento, del recuerdo y de aprender de nuevo a vivir. Algunas veces mendigamos más tiempo para cerrar el círculo; mueren nuestros ídolos y empezamos a buscar de nuevo lo que perdimos en medio del torbellino de experiencias. Volvemos a depender angustiosamente de otros y empezamos otro tipo de negocio. Vendrán, con fortuna, a preguntarnos, a recopilar historia para luego culparnos o agradecernos; o simplemente desecharnos. Necesitaremos volver a estar presentes, a recogernos, a sentir. Esperaremos partir quizá con un nuevo ídolo o sin él, pero ahora podemos hacer balance y morir a esta experiencia. Para comenzar de nuevo...




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Te extraño

Basta con mirarte con amor y acogerte en el regazo que nunca fue. Así es como te amo. Así es como te vivo. Así es como te siento.