Desde que nos inventamos el concepto de libertad luchamos por encontrar una definición que siempre es opuesta a la realidad cotidiana.
La definimos como la responsabilidad de ser conscientes de nosotros mismos y de los demás; como la posibilidad de hacer lo que nos gusta; como pensar y hacer de manera diferente; como liberarse de las limitaciones de padres, abuelos; y así buscamos vivir con la fantasía de que es posible.
La verdad es que nacemos y en ese mismo momento empezamos a sentir opiniones, creencias y luego, además de sentirlas, las oímos y nos la repiten incesantemente hasta que llegamos a pensar que son nuestras y las defendemos a ultranza. Los más listos las cuestionan, pero son pocos los que se liberan realmente de su influencia.
Cada idea es producto del grupo social en el que nos desarrollamos; sin embargo, hay ideas comunes para casi todos como el concepto de fidelidad, economía, educación, ocio y así prácticamente se abarca todos los aspectos de la vida privada de cada individuo.
Como seres humanos no es mucho lo que hemos logrado; seguramente en cuanto avances tecnológicos, pero en cuanto a comportamiento, básicamente seguimos debatiéndonos entre los ángeles y demonios característicos de personas duales que jugamos con diferentes sentidos de moralidad según qué vivamos.
Así vamos de un concepto al otro; de una comprensión a otra; todas tan válidas porque necesitamos aceptarnos y que nos aceptan... aunque mucha libertad no tengamos.
Un poco de todos esos pensamientos que vienen cada día, hacen su aparición y cuestionan mi vida...
lunes, 24 de junio de 2013
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