Estaba esta tarde en el hospital y de pronto me percaté de la incomodidad en la que se convierte el cuerpo cuando estamos viejos o enfermos. Es como haber recibido una herramienta sin tener la más mínima idea de cómo usarla; es como si hubiéramos convertido en monotonía estúpida las pocas actividades físicas que hacemos.
El cuerpo se deteriora, duele, apesta, se atrofia, se mal acostumbra. Poca conciencia tenemos de él y debido a que no sabemos cómo usarlo tenemos que arrastrarlo: se convierte en un caparazón enfermo que no podemos quitarnos de encima o elegimos no hacerlo.
Tal vez si desde bebes nos enseñaran a tener conciencia del cuerpo y nos enseñaran a hacer cada día ejercicio, a comer bien, a descansar y a sentirlo, tendríamos la fortuna de vivir y envejecer mejor.
Por ahora, solo me resta seguir viendo personas mayores tolerando el descuido de toda la vida y de pronto me pregunto por qué asumimos que la vejez debe ser dolorosa, incómoda e indeseable y ponemos toda nuestra intención para que así sea.
Ciertamente no somos responsables y por ahora, aún jóvenes, nos da igual... lo malo es que los excesos pasan factura durante los últimos años y simplemente tenemos que malvivir con el dolor y las limitaciones del cuerpo.
Duele.
Un poco de todos esos pensamientos que vienen cada día, hacen su aparición y cuestionan mi vida...
miércoles, 28 de agosto de 2013
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Te extraño
Basta con mirarte con amor y acogerte en el regazo que nunca fue. Así es como te amo. Así es como te vivo. Así es como te siento.
-
¡Qué afortunada me siento de ser normalita: con miles de defectos y cualidades! ¡Qué afortunada soy de no tener que presumir de nada y mucho...
-
De niña, me sentía vieja para vivir. De adolescente, renuncié a la vida. De adulta, amo la vida y quiero vivirla.
-
Reconocer mis errores, esforzarme por corregirlos, pedir disculpas y hacer la vida un poco más alegre, me aligera. Es no tener que justifica...
No hay comentarios:
Publicar un comentario