miércoles, 4 de enero de 2012

El karma y la indiferencia, maneras de justificar las injusticias




La mayor parte del sufrimiento que padecemos es producto de las injusticias sociales, ya sea por las limitaciones propias como por las impuestas por el sistema.

Nos parece natural que una persona nacida en situación de desventaja tenga que soportar y cargar con ella para siempre, e incluso lo aceptamos con una silenciosa parsimonia. El sistema de ricos y pobres, de favorecidos y desfavorecidos, es el que mueve al mundo y aún así hay cierta conformidad con las desigualdades.

A pesar de las diferencias nos unen las preguntas, las dudas y la incertidumbre sobre el sentido de la vida. Se aceptan las diferencias y se dan respuestas. En el día a día, unos luchan por tener para su sustento y otros por tener más; unos entienden la vida de una manera y otros luchan por ella; algunos tratan de dar a los que menos tienen, y los otros son indiferentes. Y así, la vida sigue.

Hay respuestas al desequilibrio, algunas son lógicas y nos dan un sentido basado en la fe y nada más; otras son depredadoras. Las unas aceptan el destino como respuesta a la injusticia y las otras simplemente deciden que son los únicos con derecho a seguir depredando. Las unas son paralizantes y las otras paralizan. Las unas creen que el desequilibrio es producto de lo que se hizo no sé cuando y por lo tanto, es justo no tener ni para comer o tener incluso más que la gula; para otros, es simplemente acumular por placer. Unos se esfuerzan por ascender en la escala con las fabulosas ideas de los que sí pudieron, y los que sí pudieron saben que seguirán siendo pocos, poquísimos porque esas ideas no sirven para nada, solo para ilusionar.

En medio del desbarajuste tal vez hemos olvidado algo sencillo, humano: ser justos. Reconocer que todos tenemos derecho a lo básico y lo demás, lo que decora, podría ser una necesidad personal. Pero hemos hecho todo al revés, hemos convertido lo básico en una necesidad y lo accesorio en otra necesidad más.

La solución pasa por un replanteamiento en la igualdad de condiciones, en entender que a todos nos aquejan el hambre, el cobijo, las desigualdades y las oportunidades. La solidaridad no es necesaria cuando dejamos de creer que es el destino el que nos limita. La vida nos pide a gritos que nos demos la oportunidad de lo que nos pertenece, de que simplemente cambiemos el enfoque, que dejemos de luchar y empecemos convivir, a acompañarnos y a compartir. Sin miedo.

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Te extraño

Basta con mirarte con amor y acogerte en el regazo que nunca fue. Así es como te amo. Así es como te vivo. Así es como te siento.